
CUÁNTICA
KUBE
KUBE es el primer vino a nivel mundial concebido y optimizado mediante inteligencia artificial cuántica y algoritmos basados en cúbits. Nace en los viñedos de Labastida (Rioja Alavesa) de la mano de la startup AidTec Solutions, con el soporte tecnológico de la división cuántica de LKS Next y el respaldo institucional de la Diputación Foral de Álava a través del programa Álava Quantum Labs.
El proyecto demuestra cómo la computación cuántica puede aplicarse a un sector tan tradicional como la viticultura para preservar el oficio del enólogo, anticiparse al cambio climático y ganar una precisión sin precedentes en el diseño de producto.
La elaboración de vino sigue tradicionalmente un proceso reactivo: se cultiva la uva, se cosecha cuando el viticultor lo estima oportuno y, a partir de ahí, la bodega adapta la fermentación y crianza para sacar el mejor resultado posible de esa materia prima. Es un enfoque que depende en gran medida de la experiencia y no permite anticipar con precisión cómo va a evolucionar el vino ni cómo responderá a un perfil concreto de consumidor.
AidTec Solutions —fundada por Íñigo Echevarría (CEO y científico de datos), Daniel Teso (especialista en hardware e investigador de la UPV/EHU) e Izaskun Orive (viticultora y enóloga, con viñedos familiares en Labastida)— quería invertir esa lógica: partir del vino que se quiere conseguir y trabajar hacia atrás hasta el viñedo.
LKS Next, a través de su división de Tecnologías y Sistemas Cuánticos dirigida por Aitor Moreno, aportó la capacidad de cómputo necesaria para resolver un problema de optimización combinatoria que excede la capacidad de la informática convencional: modelar en paralelo miles de variables no lineales (química del mosto, condiciones del suelo, clima, cinética de fermentación) y encontrar la combinación óptima entre todas ellas.
El proyecto se estructuró en tres fases:
Sensorización IoT del viñedo
Para alimentar los modelos con datos reales, Daniel Teso diseñó una red propia de sensores IoT desplegada en el viñedo, que capta cada veinte minutos variables como temperatura, radiación solar, viento, humedad y conductividad del suelo a distintas profundidades, o el flujo de savia de la vid como indicador de estrés hídrico. Esta información se envía a la nube y alimenta continuamente las simulaciones.
El proyecto culminó en una producción limitada de vino Tempranillo, presentada en el Palacio Solar de Quintano de Labastida. Según el enólogo Suso González, el resultado es un vino corpulento y de largo recorrido en boca, con los taninos y polifenoles modelados para lograr una textura fina y equilibrada, y una expresión aromática marcada por fruta negra y roja madura junto a notas de cacao, canela y vainilla procedentes de una crianza calculada in silico.
El dato más significativo desde el punto de vista tecnológico: el vino embotellado coincidió de forma prácticamente milimétrica con el mapa molecular y sensorial diseñado al inicio del proyecto por el ordenador cuántico, validando que la tecnología puede controlar la variabilidad biológica de la uva con una precisión de diseño sin precedentes.
«Actualmente se está en el proceso de recogida de datos: características del suelo, tipo de uva, composición molecular, etc. Al mismo tiempo se han hecho ya las primeras catas con distintos tipos de vinos y distintos grupos de personas buscando el vino que más gusta. Después hay que tratar todos esos datos y tratar de sacar el vino que se considere ideal adaptando todas las fases del proceso y modificando lo que se considere necesario.»
Seis grandes divisiones que integran conocimiento experto, tecnología y visión estratégica para acompañar a las organizaciones en sus procesos de transformación, crecimiento y evolución.